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Satisface a Mauricio: dólar sin techo, tasas alcistas

Las despedidas son largas. Y la Casa Rosada parece haber decidido acompañar la devaluación en marcha sin oponer demasiada resistencia, alejándose del “plan llegar”. Ponerse a vender dólares, dicen, sería estar dispuesto a convalidar una suerte de hoguera donde sucumba buena parte de las reservas. Desde las primeras horas de ayer el BCRA recibió la instrucción del presidente Macri de “administrar” la corrida pero no frenarla.



En criollo, llegar un poco tarde, a destiempo, a la fuerte demanda de dólares producto de la salida de inversores. El efecto inmediato fue una bestial escalada que llevó al dólar por encima de los $60 y que fue utilizado por el presidente Macri para señalar lo que puede pasar (así dijo) si el kirchnerismo repite performance electoral.

Pero por otro lado, ven hora tras hora cómo las fuertes caídas en bonos y la brutal suba del riesgo país por encima de los 1400 puntos, esmerilan (el verbo es cauteloso) la credibilidad del equipo económico y las posibilidades de un auxilio financiero que venga de los mercados. Para los observadores de la dinámica financiera, las frustrantes palabras del Presidente redoblando la apuesta electoral pero, sobre todo, tomando a las variables financieras como rehenes de la campaña política, pueden generar mayor aversión al riesgo aún de la que naturalmente parece haber llegado a estas orillas. Esto implica para un sector importante de esos observadores que el Gobierno ha perdido reflejos políticos y que podría, llegado el caso, cometer la imprudencia de provocar mayores daños para que ese escarmiento sea utilizado como vector electoral. La paradoja es que la mayoría piensa en que más discursos como el de ayer podrían erosionar aún más el caudal político de Macri, haciendo la crisis más cercana aún y el deterioro político mucho más ostensible.

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