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Gobierno apuesta a la agroindustria

Un paso en la dirección correcta. O dos. El consenso alcanzado con los grupos de acreedores agremiados por la deuda bajo legislación extranjera implica haber alcanzado, para el Gobierno, una condición necesaria pero no suficiente. ¿Suficiente para qué? Para que se constituya en una especie de piedra basal de la recuperación económica.



El interrogante sobre qué deparará el futuro -ahora que sabemos que el futuro es una construcción colectiva- podría adoptar distintas fases a tener en cuenta. Por un lado, una especie de despegue desde el subsuelo, dada la fuerte caída de la actividad y posteriormente algunas cuestiones centrales a resolver para intentan mantener ese crecimiento más allá del consabido rebote. Ahí se anotan algunos desequilibrios que hay que tener presente, fiscales, monetarios y cambiarios, ubicados a la vera del plan de salida.


Si en términos políticos la negociación por la reestructuración de más de u$s60.000 millones de bonos bajo legislación extranjera quedará como una especie de envión favorable en la cronología del mandato de Alberto Fernández, en términos de política económica constituirá el desafío de darle verdadera carnadura al plan de la reactivación. Para eso, lo más importante será no sólo las definiciones sectoriales, sino también poder ejecutar con precisión y eficiencia todo aquello que se decida en las mesas de diálogo.


Son varias las cosas que han pedido los empresarios. Son, a la vez, representativas del estado en el que se encuentra cada uno de los rubros consignados. En declaraciones, las autoridades parecen decididas en los últimos días a revelar cuál es la hoja de ruta para la etapa pospandemia. Son puntos esenciales, medidas que parecen aisladas pero que tienen, todas, recorridos comunes, hilvanadas por objetivos ambiciosos: divisas, productividad y equilibrio social. Este combo indispensable podría entonces tener sus protagonistas: la construcción, la energía y el sector agroindustrial. La presentación del plan Procrear y los trascendidos en torno a un aumento del combustible (una vez superado el precio de referencia que impone el barril criollo por parte de la cotización Brent) parecen ser emergentes de lo mismo. El Gobierno está dispuesto a cuidar de los sectores que le resultarán claves.


La agroindustria es clave en todo esto. El modelo económico no puede prescindir del agro, por su aporte neto de divisas; pero tampoco de la energía (porque produce mejoras en la productividad). El aporte de la construcción, por otro lado, se encuentra en que es una actividad demandante de mano de obra intensiva, lo que ayuda a paliar el desempleo creciente. La industria, en cambio, mantiene una relación heterogénea con cada uno de esto sectores, con amplio peso en el producto bruto.


Según calcula la consultora Analytica, el agro aporta empleo en torno al 7% del total y divisas por el equivalente al 5% del PBI. Su participación (peso) es de 5% sobre el PBI. Pero habría que sumarle una parte relevante del sector industrial, donde los alimentos traccionan mucha actividad. Por supuesto, este diagnóstico de base puede ser mejorado en la medida que pueda edificarse un ámbito de discusión, de cara a articular una mesa para impulsar un acuerdo económico y social.


Guzmán parece dispuesto a empujarla última fase del acuerdo por la deuda pero hay que decir que se lo necesita con urgencia en otras áreas de Gobierno. Necesita aportarle al resto del equipo económico su propia mirada, incluida la próxima reforma tributaria. El plan Procrear refleja la reactivación añorada de la obra pública, al tiempo que Desarrollo pretende consolidar el IFE como política de Estado. Si se lo piensa, se empezará a gastar ahora y se verá si el año próximo sube un poco la recaudación. Esto lleva a pensar otras cosas, por ejemplo, el déficit, o la emisión. También, que al BCRA, en plena expansión monetaria, le queda quizás más de lo mismo. Esto significa que podrían sumarse más controles en la administración de la escasez de dólares, seguir emitiendo pesos y continuar con la colocación de Leliq. Por último, más allá de la cuestión fiscal, habrá que ponderar la situación de la falta de dólares.

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