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Dólar, lira turca y elecciones

Una pizca de probabilidad, dos o tres apuntes sobre el dólar electoral y una más, reciente, sobre la lira turca que, para los inversores del exterior, suelen mantenerse siempre emparentada, por la categoría de mercado emergente, con el peso argentino.



El elemento a tener en cuenta es que pandemia mediante, este 2021 es año electoral, donde la pregunta es no tanto cómo está la economía y el frente financiero, sino más bien, qué escenario va a confluir con el momento exacto de emitir el voto. Así, es interesante plantear el año como una especie de pasarela móvil, no es la foto, es la película, casi una carrera de regularidad. Partamos de una evidencia: en las últimas semanas, el peso se desliza (hacia abajo) de forma más lenta.


Asumiendo un “pico” de 3,8% en febrero pasado, no sería utópico pensar que esa velocidad podría reducirse a la mitad a mediados de año, en torno a un 2% mensual. De mantenerse a ese ritmo, se llegaría con un dólar mayorista en $101 (julio) y $103 (agosto). Una rápida mirada, arroja que en la tierra del Rofex, el arranque del año descontaba una devaluación cercana al 60%, si bien ahora no llega al 45% y podría descender más.

Ahora bien. A la ecuación antes mencionada hay que sumarle la inflación, que podría ir recorriendo el mismo camino descendente. De una tasa de 4% en el arranque del año, se tendría una disminución a un 2,5% mensual. Es decir que la devaluación iría por debajo de la inflación.

El objetivo que trazaría el Gobierno es una leve apreciación del tipo de cambio real a partir de agosto ya que eso generaría desaceleración de la inflación y un impulso de poder adquisitivo, ergo, consumo. Con ese herramental, ya estamos en condiciones de avanzar.

Consultatio revisó el archivo histórico. Tomando como referencia los últimos 3 meses antes de la contienda electoral, siempre que la devaluación superó el 2% mensual, el oficialismo resultó derrotado en 3 de las 4 elecciones de medio término desde 2003. Concluyen entonces que una devaluación que se ubique por encima del 2% mensual antes de las elecciones termina restando en términos políticos.

Otro elemento es la brecha cambiaria, que según el estudio, se mantendría en torno al 70%, alimentado por la política de tasas de interés rigurosamente supervisadas y la intervención del BCRA en el mercado de bonos. Con respecto a esto, si bien se descuenta mayor presión de parte de los pesos que obtiene el agro, por el lado de la oferta proyectan que se equipararía con la demanda, producto del poder de compra de dólares del BCRA y del comienzo de la liquidación más importante (sumando los DEG del FMI).

Habría que sumar algo más: las elecciones también encontrarán una economía (y a los argentinos) con la caída de salario real más profunda desde las legislativas de 2001, al tiempo que las primarias de agosto resultarían las elecciones con un ritmo de inflación mensual que sería el cuarto más alto desde 1983, al tiempo que también serían las elecciones con la mayor brecha desde esa fecha. En términos devaluatorios, también sería el cuarto más alto desde 1989. Por supuesto la pandemia le pone un marco de incertidumbre a todas las economías.

Para el final una de las más urgentes. En las últimas horas se devalúa la lira turca (salta un 15% la cotización contra el dólar). Si bien la noticia se infiere de algo puntual (la sorpresiva decisión del presidente Recep Erdogan de reemplazar al jefe del banco central del país) lo cierto es que ese evento no queda divorciado de una tendencia que se registra hace algunos días.

Por un lado, la lira se había convertido en la mejor moneda de carry trade, a partir de tasas de interés en moneda local que buscaban garantizarle un rendimiento en dólares, si bien la nueva conducción del banco central buscarían minimizar esos mecanismos. Por otro, ocurre que la pausa que se evidenció en los mercados bursátiles de todo el mundo pareciera conspirar, en parte, con la idea del ministro Guzmán.

No sólo de buscar un freno a la escalada inflacionaria, sino de enfriar esa evolución, rebajar el ritmo. Entre otras cuestiones, preocupa a los inversores el diagnóstico de inflación en EE.UU. derivado del fuerte pronóstico de recuperación de la economía estadounidense (6,5% para 2021), lo que impulsa la tasa que paga el bono del Tesoro a 10 años, algo que generó, primero, una caída del real brasileño contra el dólar, pero también de otras monedas emergentes. Si bien el propio Guzmán se encargó de marcar que la Argentina está hoy seudo-desconectada del mercado internacional por los controles de cambio, el evento si podría tornar el escenario más oneroso para las intenciones de frenar a la inflación local.